lunes, 29 de julio de 2013
El servicio en Mac Geek o El macbook de schrödinger
domingo, 18 de marzo de 2012
Nosotros los sometidos o la libertad de la razón
“Whatever love you can get and give, whatever happiness you can filch or provide, every temporary measure of grace, whatever works.”
Rumbo a mi trabajo. Platico con un amigo acerca de las jubilaciones y el tiempo libre. Mi amigo es una persona mayor, pero con el vigor de la juventud aún. Me comenta que un conocido suyo quisiera ya ser pensionado y olvidarse del trabajo de tantos años. Mi amigo me comenta que le comenta que no sabe lo que pide, porque hacer nada lo puede a uno llevar por donde nadie quisiera: la locura. El conocido de mi amigo le dice a mi amigo, luego de pensarlo, y como si ya hubiera pensado en ello antes, tienes razón, mejor seguir viviendo esto.
Acaso nadie quiere en realidad ser libre por lo mismo. No creo que la libertad lo lleve a uno a la locura, sino más bien a una lucidez que en el mundo loco en el que vivimos es considerada locura. Puede que sea lo mismo al revés y pienso en este momento en la película de matrix: quehacer revolucionario entre ruinas y aparentemente bien despierto o rutinario entre edificios virtuales bien dormido, e incluso dormido pero haciendo como que se está despierto, jugando siempre un rol pues.
La libertad es terrible porque uno no sabe a dónde va a ir a parar siguiendo tal o cual camino, o no siguiendo ninguno que creo yo que es lo mismo. Esta toma de decisión (la de seguir o no un camino) es una gran responsabilidad dado que la vida al parecer es única y uno nunca quiere desperdiciarla.
Cuando no se es libre se está sometido a un sistema (el que sea que fuere), y si las cosas no andan bien no habrá cargos de conciencia individual, la culpa será siempre del sistema. Ah, la queja sin mover un dedo o moviéndolo haciendo como que se hace algo sumamente importante, iluminado, diciendo verdad esencial, chaquetero beneficio de nosotros los sometidos.
Rumbo a mi trabajo. Le comento a mi amigo que así me parece, lo mejor es estar haciendo algo siempre. Equivoco la ruta, tomo por una calle que nos aleja del lugar del evento, mi amigo me dice que siempre ando bien distraído. Le comento que así me parece que soy.
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Camino entre días de dolor ajeno, pero mío.
Me duele verle el dolor al abuelo en el rostro, los doctores dicen que ya no se puede hacer nada por el tumor que ya le invadió gran parte de la espalda. Estoy seguro que me duele su dolor mucho más de lo que me dolería el descanso que luego será el mío y el de todos.
Por otra parte, tengo fé en que mi hermano y mi cuñada y mi sobrina estarán muy bien. Es una convicción.
A mi amigo de la infancia, espero que las sombras no le hagan olvidar que su descenso es una visita temporal
domingo, 4 de marzo de 2012
El noble de las letras o la fábula de la ficción basura
Por un intrincado discurrir de argumentos, en debate abierto y frontal en el aula, dimos en comentar al autor Carlos Cuauhtémoc Sánchez.
Rauda fue su manifestación refleja de desprecio. Concordé, previas lecturas modernas y deslindantes de lo que es y no es literatura, con que la obra del mentado autor no podría ser considerada tal, y que además era posible que en cuanto a la forma padeciera de mucha retórica del convencimiento (¿pleonasmo?) y en cuanto al fondo del fácil juicio.
En los días de mis primeros acercamientos a la lectura fue “Volar sobre el pantano” la más atractiva invitación a continuar abriendo libros para pasar el tiempo. Se me recomendó como uno que no podría dejar de leer luego de comenzar con las primeras páginas, y así fue.
Luego, cuando llegué a la prepa, de los labios de la maestra de español atesté el primer comentario despectivo del autor: un pésimo escritor, una basura de contenidos.
Cuando entré a Letras pues ya iba preparado, mencionar que mis primeras lecturas fueron los tres mosqueteros, el cantar de Roldán, El Principito y algunas tragedias de las 19 de Eurípides me valdría más que mencionar siquiera a CCS.
Cuando en el aula, en clase de teoría de la literatura, pregunté al maestro si había leído algún libro del autor o por lo menos algunas páginas, dijo al cabo, con la manera afectada del noble de las letras: sería la peor pérdida de tiempo. Cuando le pregunté si comentarla con ese sentido crítico tan suyo (tan propio del noble de las letras) no era incurrir en la tendencia aquella del siglo XIX que él nos pedía evitar sonrió y con un gesto que denotaba “touché”, sólo atinó a decir: hay de casos a casos. Por supuesto, ni él mismo se convenció.
Decidí tomar su primer consejo y evitar a toda costa la pedantería.
El tipo de obras de Carlos Cuauhtémoc Sánchez, por lo menos las que son hechas con la misma intención que “Volar sobre el pantano”, otros ejemplos El caballero de la armadura oxidada de Robert Fisher o Juan Salvador Gaviota de Richard Bach son ficciones del tipo que yo llamaría cómo aprender a jugar sobre el tablero o resolver cierto tipo de cuestiones. Pienso que por el contrario, el escritor de literatura procede más como el filósofo, que plantea cuestiones en vez de pretender resolverlas, ergo, cómo aprender a cuestionar las reglas del tablero y el tablero en sí (¿jugar fuera del tablero?), la existencia de la materia del mismo tablero y luego la existencia de ese posible existir, del conocimiento o de lo conocido y.. (¿cuál carajo es el símbolo de infinito en este teclado?) con cierta cadencia, verosimilitud (incluso en la obra más inverosímil) y sobre todo pasión de esteta.
En el primer caso, supongo, se pretende directa y conscientemente ayudar a poner en paz a una persona con el “mundo”, cueste la forma que cueste; en el segundo (y conste que considerándose sólo una de las tantas inasibles inefables cualidades de la literatura) ya sea directa, indirecta, inconsciente o conscientemente a cuestionar siquiera si existe esa paz, adjudicando a la forma siempre un valor esencial, creo.
Un “cierto” escritor por ahí lo expuso muy bien, algo así como no soy filósofo ni metafísico, lo que he hecho es explotar o explorar -es una palabra más noble-, las posibilidades literarias de la filosofía.
lunes, 20 de febrero de 2012
Humor negro
El humor negro es ante todo humor: “resalta el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas”[1], en este caso el lado cómico de los temas sensibles o tabúes; y después puede ser moral o amoral. El humor negro gratuito, el de hacer reír por hacer reír, no creo que exista dado que su materia prima es de interés común y por lo tanto al usarla como motivo de risa invariablemente se está tomando una postura ante la sociedad.
Ahora bien, a qué obedece esta postura es algo a lo que el receptor de un chiste de humor negro debe siempre estar atento. Puede ser, como ya se ha escrito, una postura moral: de denuncia, de protesta ante una injusticia o ante la simple y llana necedad que todos padecemos en menor o mayor medida; o amoral: la exaltación de un sistema o un credo de ideas de supremacía, el desprecio, la manipulación en general, etc. También está el ejecutor que por imprudencia o estupidez incurre sin darse por enterado en cualquier postura, que por querer criticar exalta o por querer ganar muchos adeptos desprecia.
Por lo menos en el plano no amoral, resulta para el artista todo un reto ejercer el humor negro, debido a que no sólo debe encontrar el lado cómico o ridículo en el material sensible, primordialmente en lo trágico, sino que debe equilibrar el contenido de su obra para hacerla inocua, luego expiar algún vicio o señalarlo vía la catarsis. Suena a miel para un arte que sin el revestimiento mordaz pierde en gran medida; la hazaña de la vacuna es la virtud del buen artista de humor negro.
La tragedia mexicana y la degradación del humor negro
“Señor Gobernador: ¡Aquí está uno de los responsables que está buscando! ¡Venga por mí! ¡Aquí lo estoy esperando! ¡Venga por mí! ¡Estoy harto! ¡Es demasiado que se estén burlando de todos nosotros! Que nos digan que todo está bien, cuando sabemos que México es una basura. Todo en las noticias: corrupción, narcotráfico. ¡Ellos se burlan de nosotros! ¡Yo soy culpable por dejarlos!”[2]...
Este pequeño ejercicio reflexivo pospuesto tantas veces: lo mejor es reír sin tener que buscar explicación o justificación al acto, pero siempre tuve esa necesidad de cavilarlo a la hora de los chistes chocantes. El empujón lo debo entre otras cosas al yerro del payaso que interpreta Sergio Verduzco, Platanito, el cuál casi no conocía hasta que incurrió en la que me parece degradación del humor negro.
Este personaje es ya sabido de todos fue demasiado temerario y no sólo evidenció su falta de ingenio y sensibilidad al hacer mofa de la tragedia acaecida en la guardería abc el viernes 5 de junio de 2009.
Más allá de la simple mofa el asunto es digno de mención porque es una de las tantas invitaciones a echar polvo sobre un crimen que sigue pendiente de castigo, que sigue vigente porque sigue cobrando víctimas: la impunidad. Un asunto que nos compete a todos los mexicanos y nos hiere a todos. (Bajo el manto de la misma impunidad sucede la tragedia del casino royale, la de tantos desaparecidos y muertos por la absurda guerra contra el narcotráfico; hoy una batalla campal en el cereso de Apodaca Nuevo León dejo un saldo de 44 reos masacrados sin que la autoridad metiera mano. El Norte lunes 20 de febrero).
La postura de este personaje parece ser inofensiva, pero para empezar termina sirviéndole publicitariamente a un par de entidades: la de kentuky Fried Chicken y la del mismo personaje. Luego, y más importante aún, sirve como paliativo (por más que sea pequeño el auditorio de este personaje es ya un fenómeno que debe considerarse) a quienes deberían por lo menos haber renunciado a su puesto en el gobierno luego de la tragedia, dado que les secunda en la burla que le restallan en la cara a los padres de las víctimas y al pueblo mexicano. Esto basta para prender una alerta, porque es simiente de odio, lastre de toda sociedad.
El buen artista del humor no polemiza en menoscabo de su obra o de un chiste inteligente. La polémica gratuita suele obedecer a publicidad inmediata o a fines más abyectos.
Tengo entendido que el personaje incrementó las entradas de sus shows a partir de esta mofa, es ello lo que me impele a poner estas líneas fuera de mí y a consideración de quien llegase a dar con ellas. Respeto a su auditorio y espero que puedan exigir un show inteligente y de calidad y no tragarse la idea de que este tipo de chistes, la burla de la tragedia en la guardería ABC, son inofensivos, un simple ejercicio de la libertad de expresión o buen humor negro.
domingo, 2 de octubre de 2011
A la cineteca
martes, 27 de septiembre de 2011
Viva la vida y que sea la paz
Creo en Dios, porque lo busco entre la que asumo su caótica Creación. En estos días me mueve absurdamente una fe, la de la respuesta, del bálsamo que me traiga de nuevo a la vida o me lleve de vuelta a ella: quiero, deseo, anhelo la vida en plenitud, con todo lo que implica, incluso la muerte, pero en plenitud existencial.
Es en esta petición de vida que radica la sustancia del absurdo, porque anhelo paz, pero también la verdad, consciente de que tal vez ésta no tenga nada qué ver con aquella.
Supongo, limitante racional de hombre, que si Dios me escucha no será un lío para él, y es entonces que la fe hace la magia. Humanamente, me mueve un suspiro contradictorio en el cada día; místicamente un solo brazo dirigiéndome, hacia una y todas las direcciones, la muerte y la vida, sufriendo y gozando, pueril y senilmente, pero esto lo describió mucho mejor Borges en el Aleph y la escritura del Dios y yo no tengo idea clara o por lo menos explicable de la existencia de ese brazo.
Mi asunto en estas líneas es, como siempre, confesarme humano y capaz de perdón por ser capaz de equivocarme, aunque sea esto lo que más me haya traído problemas: cada acto o palabra dicha abiertamente, directamente como este texto sin patadas entrelineadas ni pretensiones intelectuales, me cuesta hoy no dar un paso sin una carga de culpa en una conciencia que ya no se si es mía; me cuesta digo, no dar un paso sin herir alguna susceptibilidad en conciencias que ya no se si son ajenas.
No es una queja, al decirme se que me expongo, porque están los expertos en señalar, en decir siempre de los demás y no de ellos mismos; puritanos e hipócritas; expertos en el artificio de la retórica de buenos y malos, del disfraz y la doble moral; los incapaces de verse a sí mismos como los demás, necesitados de la miseria del prójimo para sentirse especiales o menos miserables o ya de a tiro los que por “ojetez” pura encuentran divertido el sufrir ajeno. Sé que para todos ellos, declararse culpable y no libre de cague es declararse carne de cañón. Lo sé porque he incurrido en los mismos vicios, y quién sabe si por un camino que no llegaré jamás a sospechar ni a presentir llegaré incurrir de nuevo: “antes era sólo un niño, ahora soy sólo un hombre” (no me cansaré de citar esta canción).
Parafraseando a Einstein, por todos estos recovecos a los que he ido a dar sin querer a partir de contradicciones irreconciliables me atrevo a decir: acaso la sutileza de Dios es ruda, la malicia una opción de la que la humanidad ha hecho un arte.
Por eso sufro de una tristeza indecible cuando regreso una patada deliberadamente, porque busco la paz, Dios al que busco, sabe que busco la paz y la vida en plenitud.









