miércoles, 1 de junio de 2011

Eviscerando la Ciudad Ideal de Jesús Llanes

Por Luis Sánchez



“La teoría de la proporción siempre ha estado vinculada a una filosofía de sello platónico, para la que el modelo de la realidad son las ideas, y las cosas reales son sólo pálidas e imperfectas imitaciones de esas ideas”

(Humberto Eco. Historia de la belleza)

¿A quién se le pudo ocurrir una ciudad como Monterrey? ¿Quién habrá sido el arquitecto de este monumento de extremos: de clima, de economía, de cultura, de idearios? ¿A quién echar la culpa de esta ciudad multiojete? ¿A quién aplaudir sus encantos?

Adjudiquemos, a falta de datos contundentes, la bella y proporcionadamente horrenda sultana del norte a la Historia fatal y veleidosa, de la sensatez y natural evolución, cuyo engranaje, para decirlo con una frase recurrente en los textos de Jesús Llanes, “sabrá el diablo” que fuerza motora activó y tiene vigencia de universo en expansión en medio de hoyos negros.

Describir sus facetas más viscerales es tarea ardua, y como muchos han coincidido creo que el mejor pincel para dibujar la idea primera y germen de realidad es el de la pluma “mentirosa” de la ficción literaria.

Por supuesto hablamos de mostrar el corazón de la ciudad, sus intestinos, sus pulmones carbonizados, su cerebro para adivinarle el alma; no hace falta ser sutiles al hacer los cortes en esta autopsia en vida. Jesús Llanes es el eviscerador que nos muestra en Ciudad Ideal parte de este Monterrey monstruoso. Y aunque llevados de una prosa contundente y a ratos hasta deliciosa, es necesario reiterar que Jesús sacrifica la forma en pro del fondo, como lo amerita la empresa.

I. La ciudad (o realidad)

Monterrey es una ciudad extremosa. Desde el clima: el calor puede sobrepasar los 40 grados centígrados en verano y bajar a menos cero en invierno; hasta el aspecto económico: en monterrey no hay matices económicos, uno puede atestar una colonia de casas suntuosas en un lado de la acera y enfrente un amontonamiento de viviendas levantadas al puro estilo accidentado del comúnmente denominado “paracaidismo”[1]. Por no hablar del crisol de ideas que constantemente tiene a los suyos en pugnas aparentemente inofensivas (léase ciudad del conocimiento).

Llanes hace gala de su capacidad poética para recrear en el lector las sensaciones polares que Monterrey les impone a sus ciudadanos diariamente. Y al hablar de su capacidad poética me refiero a la facilidad con la que maneja todo tipo de recursos: fonéticos, conceptuales, formales, tonales y hasta de yuxtaposición de los cuentos para de manera directa o indirecta llevar al lector a caminar a la sombra del cerro de la silla de la manera más auténtica.

Un ejemplo tonal: Los escenarios y situaciones en donde los actores de la antología Ciudad Ideal se desenvuelven como si fueran una extensión de la fauna y flora regiomontana, son en una parte un calco exacto de la realidad; en otra, una imagen intencionalmente exaltada por la imaginación del autor. Podemos tomar la descripción de El derramadero como ejemplo de lo primero y la del ambiente en donde Tofik Matus pasea a su “muñeca ensimismada” de lo segundo. O la casa de Marta, del cuento Ciudad Ideal y el apocalíptico partido de final del balompié, Monterrey Tigres respectivamente.

Un ejemplo de yuxtaposición: Jesús también explora la fantasía, así en medio de un grupo de relatos en donde predomina la crudeza de lo real inserta un cuento de hechizos y maldiciones, Semana Santa. O entre dos cuentos en donde el proletariado se ve oprimido por las circunstancias opresoras del bolsillo vacío y la tiranía insensible empresarial el relato de una pareja ya entrada en edad, cuya tragedia consiste en ver partir a sus hijas a Europa o estados unidos y ser sentenciados a su soledad en una casa ubicada en un barrio de lujo, a beber buen vino y bailar como un par de locos mientras la muerte les llega.

Ejemplos conceptuales: en este plano Jesús Llanes se regodea en la adjudicación de nombres alusivos a sus personajes: Lino Contreras, Gastón Rey, Sócimo Rivera, Adelina Rocafuerte, Pura Plata, Eva Garza, Procopio. Evidentemente si Adelina Rocafuerte es porque el derramadero es un infierno; Si Gastón Rey porque es jefe y dueño de un hotel en picada; si Eva Garza por su belleza y sus glúteos “pellizcables” a cambio de propinas acomodadas en los senos. ¿Si Pura Plata por tener entre sus manos tanto dinero que no es suyo?

Ejemplos fonéticos: en éste plano, nombres que nos hablan de un linaje fundido en el crisol de razas regiomontanas como: Humberto Montfort, Sóstenes Lombardi, Fredy Cocom, Tofic Matus. Acaso ejemplos frívolos, pero: derramadero, barriada, arroyuelo, ratas y perros en un mismo párrafo para describir el lugar al que Sócimo se aferra inútil e ingenuamente, me suena a una suavidad de nombre en un arroyo tempestuoso de “erres”.

Con este juego de polos opuestos Jesús recrea la cualidad extrema de la ciudad regiomontana indirectamente, reforzando descripciones evidentes como:

El derramadero es una barriada construida por azacanes en el desierto, al poniente de la ciudad de Monterrey, la componen unas 30 casas de madera; la tierra es dura, plagada de grietas y chaparrales.. Al barrio lo atraviesa un arroyuelo de aguas negras cuya podredumbre emboca en el río azul. Antes de llegar al río.. los hombres construyeron como al descuido un muladar, deleite de ratas y perros.

(Apaga la veladora)


..los niños que impacientes esperaron el arribo del domingo retozaban los jardines de las plazas. Otros eran felices asociando figuras con las nubes que se desgarraban por complacerlos.. Y eran los jóvenes, empujados por la idea de acudir al cinematógrafo o a la plaza central quienes engomaban y revolvían sus melenas hasta coronar sus frentes con una serie de picos semejantes a las crestas del cerro de la silla.. La comunidad adulta llenaba las iglesias.. las jacarandas arrojaban su confeti violeta, y los colores de las buganvilias de tan vivos ardían casi.. Autos, bicicletas, autobuses y hasta las excavadoras que devoraban tierra en ese día de reposo parecían también espirituales.

(Mirtala Mía)


En la techumbre de lámina constelada de agujeros, las paredes de madera, el piso de tierra, el tálamo desplumado y el pequeño televisor con pantalla a blanco y negro, vio el desolador presente de aquel viejo amor.. Por la noche la luna era su bombilla (de luz). De un camión pipa que rugía cada tercer día cerro abajo, surtía de agua sus dos únicos cántaros. Cocinaba, si había algo que, con leña y a la intemperie.

(Ciudad Ideal)


De suerte que Cocom era dueño de un BMW.. Después de consumir su adolescencia en prestigiosos colegios locales y extranjeros, logró instalarse al frente de la dirección de una secretaría gubernamental.. .. También poseía un bosquecillo junto a la presa de la boca. Una vez al año vacacionaba junto a su familia en algún país de Europa u Oriente.

(Fredy Rosas)


-En esta hoja vienen los nombres de tres empleados a los que sin consideración debe atornillar hasta que truenen.. ..son unos animales ¡Mírelos! Les cancelaremos los bonos mensuales, la prima dominical; haremos nuevos horarios; las jornadas serán de doce horas..; no dirán nada; ¿Qué pueden decir esas bestias?..

El triste capitán, aún reconociendo que esas medidas, incluyendo las de hostigar a Pura, Eva y Laura.. ..estaban dentro del orden social de Monterrey, se sintió abatido

(Mujeres de Monterrey)


Aprendieron los tres a moverse sin importunarse dentro de la casa levantada con las propias manos del señor Monfort en Residencial contry, un precioso barrio ubicado en las faldas del cerro de la silla.. ..Una noche de otoño el ingeniero arrojó el periódico a la chimenea y encendió una fogata; en seguida sirvió una charola con carnes frías y quesos finos.. Por último descorchó un Brut Premier y sirvió dos copas..

(No estamos solos)




II. La idea

“Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza.”

(Jorge Luis Borges, La biblioteca de babel)




En la portada del libro está inscrita la frase que bien sintetiza al universo de relatos:

La noche del 24 de diciembre de un año no peor para ella que los últimos diez,

Marta se sentó en una roca que el misterio puso fuera de su hogar. Imaginó que la ciudad era un pastel del cuál no alcanzó una sola rebanada.

Como para Marta, para la mayoría de los personajes actores en estos relatos, hay algo que no está bien: la desgracia los persigue, los jinetea, les pone trampas hasta que por fin cierne sus fauces sobre ellos y los devora. Sin embargo, este acaecer fatídico no es algo que ataña a Monterrey en sí: la ciudad permanece hermosa, deslumbrante entre las montañas, llena de promesas y sueños.

Un pastel que por un mal sino a ellos no les tocó disfrutar.

La cuerda guía que une a Ciudad Ideal es un peregrinaje de almas sufridas hacia ese pastel con el cual sueñan deleitar un paladar espiritual aunque más no sea con una pizca. El sabor lo adivinan de varios ingredientes clave: amor, familia, heroísmo, honor, integridad moral, estabilidad económica, paz.

Ciudad Ideal (relato)

Parafrasearé a Platón para tratar de describir el germen de la andanza, que comienza justamente en el cuento que lleva el nombre del libro. Este germen surge en un “paraíso remoto”; Marta, la primera peregrina, tiene aún plena consciencia de ese lugar ideal del que vino:

“Recordó las onduladas veredas, los rumorosos riachuelos y la paz de su pueblo en Oaxaca, donde sus amigas, día a día le contaban que rumbo al norte resplandecía la ciudad de las maravillosas montañas. Hoy la punta de una le punzaba el trasero.”

Cabe decir que a la sazón Marta lleva soportando 10 años de miseria en Monterrey, también que justo en ese momento sostiene en la mano una carta en donde un “corazón, atormentado con una flecha” encerraba su nombre sumado al de su marido: “Loreto y Marta”.

También conviene decir que tuvo dos hijos: “uno murió de hambre, otro de frío”. Y que los maltratos de Loreto le causaron el aborto de una niña.

Por último, que está resuelta a matar a su marido y que el proyecto le llena el corazón de paz, la reflexión es de inspiración sanchesca:

“Imaginó que la ciudad era un pastel del cuál no alcanzó una sola rebanada”.

Marta asesina a su esposo porque el ideal no se puede sacrificar:

“No está arrepentida, publicaron los diarios al día siguiente.. ..Mientras en la libertad de su celda leía dentro de un corazón atormentado con una flecha dibujado al pie de una carta amorosa: Loreto y Marta..”

El amor no puede ser mancillado con la realidad miserable que le había tocado vivir, alguien más debería haber tenido acceso a él, alguien más que acaso entonces estuviese involucrado directamente con el resplandor de la ciudad.

Como en una carrera de relevos, Marta pasa el ideal de amor, del que ella sólo tuvo una efímera visión vía una pasión que retrató en una carta, a los personajes de Apaga la veladora, Mujeres de Monterrey y Ciudad del conocimiento. En estos se logra, efectivamente, la consumación del amor en una familia, aunque no la tranquilidad económica ni la paz.

Apaga la veladora

En “apaga la veladora” Adelina Rocafuerte es una viuda que se ve en la necesidad de enterrar a su hijo Sócimo, el que por otra parte ama la vida a pesar de la miseria en donde la perdió, tanto que a pesar de ser ya un fantasma se resiste a partir:

Después de todo había otras cosas en qué pensar, una era recordar a Sofía, quien, calentada por su zalamería prometió no dejar dudas acerca de su pasión por él.

Sócimo no se da cuenta de que está muerto, y mientras el resto de la historia discurre en un ambiente de extremado hastío: por el calor, el domingo de resaca alcohólica en el mediodía, los llantos de la mujer que se queda sola, la pestilencia del río que cruza al poblado, etc. Éste, Sócimo, transmite al lector un sosiego estoico, un panorama de esperanza, o al menos una vitalidad que subyuga toda gana de entregarse al panorama desolador de El Derramadero:

A Sócimo quien haya muerto no le importaba.. por lo demás faltaba poco para encontrarse con su novia.. Sócimo fue al encuentro de su madre, la abrazó y dijo: no exageres, ni que yo fuera el muerto, además al morir papá tú dijiste: el muerto al pozo y el vivo al gozo.

Y para rematar, esgrime la idea con la que pretende abrirse paso de la realidad a la trascendencia, cortar su rebanada de pastel:

Escucha madre, tengo novia; ya soy un hombre. De hoy en adelante no irás a la ciudad a lavar ajeno, seré yo quien salga a trabajar, lo prometo.

Pero Sócimo está muerto a pesar de todo.

Mujeres de Monterrey

En este relato, la mujer, portadora de la luz guía que alumbra el camino hacia el ideal, se sigue viendo ultrajada y con la necesidad de seguir cargando el peso de sus hombres para mantener a la familia. Quienes, si no las maltratan física y moralmente como Loreto a Marta, prefieren cerrar sus ojos ante la terrible realidad que los doblega:

Tres mesas a la izquierda vio a Eva Garza dejarse pellizcar los glúteos por un cliente.. permitía que lo hicieran los clientes distinguidos.. a cambio de una propina deslizada siempre entre los senos.. A Eva, la esperaba un marido holgazán ávido de cerveza y con la costumbre de consolarse de sus desgracias forjando utopías; además de un par de adolescentes insaciables sin escuela ni oficio.

El hombre de bien de la familia emergente es representado en este caso por la figura de Sóstenes Lombardi, el capitán del restauran de un hotel que tiene sus peores días de crisis.

A Lombardi se le pide que presione a tres empleadas para que pidan su renuncia y no tengan derecho a su liquidación, lo que crea el conflicto, debido a que Sóstenes Lombardi es un hombre justo, de integridad para con sus subalternos y con su propia familia:

Un poco más allá.. Pura Plata hacía de las suyas: el uniforme que la distinguía de los empleados corrientes no era obstáculo para que sustrajera algunas monedas de la venta. Sóstenes encubría dichos hurtos a cambio de no verla suplicando a Gastón un préstamo que, sabido era de todos, sería negado.

Al final el capitán prefiere lavarse las manos con la renuncia, no sacrificará su integridad moral, obligando a su mujer a tomar cartas en el asunto:

Sóstenes, aterrado aún por el mundo de afuera, buscó protección acorrucándose junto a María. María, con la certeza de que una vez más su marido había perdido el empleo se levantó.. Nada le impidió abordar un camión rumbo a la exclusiva colonia del Valle, donde no habría de faltarle una mano piadosa que le pagaría treinta pesos diarios por lavar y planchar ropa

Ciudad del conocimiento

Ciudad del conocimiento es la odisea de un regiomontanto al que una circunstancia muy particular de las ciudades impide volver a casa. Y aunque el Ulises de Llanes no tiene necesidad de cera en la orejas para desoír a las sirenas pécoras de los congales de monterrey, le faltó una soga que lo amarrase a un mástil de voluntad ante la pasión que despierta el futbol.

-¿Con qué?... Vamos al estadio ¿o te pegan? No había necesidad de que pusieran a su familia y a sus rayados en la balanza. Su sentido de pertenencia estaba bien definido.

Hasta aquí la andanza por el ideal da un giro: ya en el corazón de la ciudad, el peregrino puede llegar a perder el rumbo, el amor se desvirtúa; la familia no es más que una carga, otro trabajo que hay qué soportar; el honor y la integridad moral son un mito con cimientos de lodo. Nace entonces del imaginario la necesidad de un nuevo rumbo, en este caso heroico, ideal del que el hombre participa como hincha en la justa del futbol.

Semana Santa, Mirtala Mía, Procopio y Fredy Rosas

Es así como una vez más el extremo se asoma entre las líneas de la obra, el fanatismo abstrae a los personajes de los ideales primeros, los quiebra hasta cierto punto y les crea la necesidad de reinventarse, y mientras unos optan por el camino de la total desmoralización:

La familia yacía esparcida sobre las piedras.. Frente a mí tenía a una de las niñas, muerta también.. La comadre Cuquis comenzó todo; fue hacia la camioneta y comenzó a desvalijarla.. ¡Ándele, compadre! No hay carros; no sea tarugo, me dijo. Yo me encaminé hacia el cadáver del señor y lo despojé de cinco mil dólares. Le quité también el reloj, la esclava y un par de anillos; joyas que me arrebató Melquíades.

(Semana Santa)

Él la jaló con violencia. Una vez sometida la arrastró hasta la alcoba donde sin piedad la desnudó.. El joven se deshizo de sus jeans y la penetró con insania:

-¿Te gusta?, ¡Dime que te gusta! –ladró Tofic.

Después de un rato de jaleo la volteó y hundió su pene en la boca.

-¡Chupa, chupa! –bufaba Tofic.

..después de experimentar un popurrí de ricos estremecimientos sujetó el ombligo de Mirtala, luego lo destapó como si se tratara de una corcholata.. el cuerpo de la muñeca.. se desinfló

(Mirtala mía)

Otros optan por el dogmatismo religioso-intelectual:

Por lo pronto invitará a la sanación al primer hombre que encuentre en el camino, le hablará de las búsquedas defectuosas, del camino verdadero; desmitificará lo que los líderes religiosos no se atreven por temor a la bancarrota; le dirá: no hay atajo que conduzca al paraíso; tú eres el paraíso. No existe oración que lleve al sendero luminoso. Sólo yo poseo la verdad absoluta.

(Procopio)

Unos más, abrumados por supersticiones, se sumergen en la angustia hasta alcanzar patologías mentales psicosomáticas:

Pero apenas pisó la calle, se metió en un remolino de temores abstractos. Cayó en una espiral de terror; sudó frío, se le aceleró otra vez el ritmo cardíaco y se le entumeció el brazo izquierdo. ¿Y si muero hoy? Se dijo.. Siguió andando sin dejar de renegar y pensar en episodios fúnebres. Hecha una bruja llegó a un discreto local.. Renato: magia negra

(la cosa buena)

Algunos otros les da por jugar un juego de ideas, meter el polvo bajo la alfombra para mantener reluciente una superficie:

Dejó en la cochera su BMW. Dinora demoraría una hora en llegar. Al entrar a su casa arrojó por ahí el maletín, el saco, la corbata; bajó la cremallera del pantalón, se sacó el pene, tomó el teléfono y como es costumbre desde su primera juventud, marcó un número telefónico desconocido:

-..¿Cómo te llamas?

-Anita. ¿Quién habla?

-..Soy Damián Rosas, Dmián Rosas, Anita. Tengo un pene grande…

..En esto entró (Dinora), junto con Cassandra y Owen..

-¿Cómo estás, amor?

-Tuve mucho trabajo. Me duele la cabeza.

Los labios de los niños buscaron las mejillas de su padre. El recuerdo de Anita revoloteó en la mente de Fredy del mismo modo que lo haría un murciélago sorprendido por el sol.

(Fredy Rosas)

El ideal de opulencia

Son varios los caminos por donde el peregrino se llega a hacer de una estabilidad económica, corona de un montón de batallas libradas a capa y espada. Al señor Monfort, por ejemplo, le ha costado la pérdida de sus hijas al final de sus días, cuando acaso había encontrado por fin el tiempo para disfrutarlas:

Humberto Monfort era un viejo lobo: pensionado, después de transitar por el campo de la ingeniería durante cuarenta años; cuatro décadas de subir y bajar de helicópteros, de tripular barcos, de taladrar el mar desde las plataformas petroleras del golfo, de lidiar con huracanes, de vencer soledades..

..lastimados por el estruendo de las naves que se llevaron a sus hijas, los oídos de Longina desoían la música. Derrotado, el señor Montfort untó el rostro al de su esposa.

-Estamos solos, musitó.

(No estamos solos)

Ricarda descuidó el lado humano que le cuesta luego la estabilidad mental:

Hoy, a los cuarenta y uno.. sus propiedades, joyas, ahorros, no eran suficiente para comprar un minuto de sosiego. Resentida con su suerte había encontrado falsa cura en el trabajo.

(La cosa buena)

El pastel

La distancia siempre ha conferido a los objetos o conceptos una mística que los vuelve atractivos; acaso tenga que ver con la añoranza de los sentimientos prístinos, la capacidad de asombro o conmoción que se pierde conforme la vida, en la cercanía inmediata, se torna una experiencia cotidiana, una rutina.

Creo que los ideales comparten este principio: El ideal será ideal hasta que la realidad profane sus dominios. Se podrá argumentar que mancillado de tal guisa, un ideal no es un ideal auténtico. Sea, mientras la razón se afina, mitos o no, los motivos se reinventan para rehidratar el ánimo, a punta de vacío lo exige la existencia.

Es esta la mecánica a la que Jesús Llanes somete a sus personajes:

monterrey el lugar común donde morir y renacer, donde levantar el sueño y derrumbarlo; Monterrey de esplendor a pesar de la miseria, la soledad, el abuso, la inmundicia, la perversión, la sangre y el miedo en cada esquina; Monterrey idealizada, un castillo de betún de rebanadas infinitas.



[1] Posesionarios ilegales de terrenos.

domingo, 15 de mayo de 2011

El corredor, su prisionero

Tengo que admitirlo: nunca pensé ver culminado mi designio, eso es acaso lo único que me reprocho: debí mantenerme firme, debí mostrar más coraje ante la adversidad. Cuánto llevo en ésta prisión de dos muros, no podría decirlo con certeza, aunque recuerdo con total claridad el día en que llegué. Me condujo el ardid de un espíritu chichimeca, en una noche inesperada. Aprovechando mi somnolencia, se paró ante mis pies, frente a mi cama; una diminuta luz roja en medio de una silueta negra. Al principio no le presté atención, pues sabía, creía, que aquello era una pesadilla. Muchas veces logré difuminar la magia de una, y cuando lo hacía, se transformaba súbitamente en un sueño alegre, sin coherencia. Al percibir la insistencia de la luz diminuta, me incorporé, buscando la manera de fulminarla. Era en ello cuando una fuerza descomunal me empujó hacía mi lecho. Un viento gélido que no me permitía mover, que me asfixiaba. Sentí el peso de la realidad; en verdad aquello era doloroso. Cesó la ráfaga y, aunque sin rostro, percibí una mueca de alegría en la silueta. Una voz ubicua me pidió tranquilidad, me dijo que hay diferentes grados de pesadillas y que yo debía ser menos osado. Ordenó entonces que me levantase y que siguiera los pasos de la sombra. La seguí alegre, pensé que era el comienzo del sueño sin coherencia. Y todo fue al principio como un sueño. Al moverme sentía como si flotara, y viajaba a dónde mi mente se le ocurría. Al final, la sombra tomó el control, y me colocó ante una puerta, en medio de una cañada de la sierra del norte. Ahí escuché otra vez la voz, que refirió su edad y procedencia y que me advirtió dos cosas: lo que acababa de vivir no había sido, del todo, una ilusión; y que cruzar el umbral significaba volver jamás. Fue una trampa maliciosa: su tono era retador y sabía que yo no hubiese podido concebir aquello más que como un sueño. El corredor, pasillo ó la senda, no aparenta tener un final, aunque acaso tiene un comienzo, el del primer paso. Ignoro si existe sólo una entrada o sí las hay en diferentes partes de la tierra. Tendrá algunos tres metros de ancho, y su altura no la podría deducir: los muros se extienden abismalmente hacia arriba hasta confundirse en la oscuridad. No se qué fenómeno provee de luz su longitud sin límites, pero nunca me permite ver más allá de diez metros, por lo que camino como una antorcha viviente: la creencia en que la luz proviene de mi cuerpo es una de mis teorías menos descabelladas. Las paredes son lisas, de matices pardos (a veces me sugieren un azul, un amarillo, otras un café) y, a lo largo de muchos años (por dar una idea del tiempo) de andanza, pocas veces han mostrado algún declive; cuando esto sucede una suerte de emoción me abarca, la misma que abarca en la vida sin muros una variación violenta en la rutina. El aire es más espeso que el de afuera, y debe poseer alguna sustancia capaz de erradicar el hambre, la sed, la fatiga: hace muchos años que no pruebo un bocado o una gota de agua, muchos de mis órganos han perdido funcionalidad o se han adaptado al ambiente. 

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jueves, 12 de mayo de 2011

A la sombra de un limón

A la sombra del limón marchito trabajaban. Acaso era ello cierto, porque aunque no hacían algo, el tedio cubría sus empolvados rostros en relieve. No había otra razón para aguantarlo, no otra que la paga, y el compromiso que esto implica. Pero la paga en sí era para ellos remuneración turbia. Hacer algo, cualquier cosa, como el no hacer nada bajo la sombra de un limón, blancos sus rostros y ropas por la tierra, para recibir a cambio dinero, pudiera ser suficientemente bueno para satisfacer su espíritu. Pero también el hecho de formar parte “activa” en algo, algo fuera de lo común, solamente.

Se erguía el viejo árbol entre chatarra sucia y excrementos de perro; entre montañas de monitores olvidados, ya remotos, y cpu´s desmantelados. Nadie, sentían, podría encontrarlos en aquél rincón, donde jugaban a vivir entre la mugre, sentado uno sobre un bloc, el otro sobre la espalda de un monitor.

“Qué bella tarea”, se decía alguno: nadie más que yo podría estar orgulloso de mí, porque nadie entendería el papel que desempeño. El otro a su vez: como gusanos insignificantes, desapercibidos, pero necesarios. Y cuando encontraban este gozo el frenesí emergía desde sus reflexiones; y reían, y se burlaban de los ostentosos que tuvieron suerte, que consideraban gusanos a su vez; o cantaba uno una canción de Sabina mientras el otro tarareaba una de Stratovarius. Y aquello de repente ya no era un trabajo, sino una tertulia improvisada, porque jamás se podría planear esa amenidad, bajo la sombra de un limón.

Pero nuevamente el silencio, el tedio, de nuevo el trabajo y el compromiso, la paga. En esos momentos sentían ganas de dormir, o simplemente divagar, porque la realidad era insoportable.

Ahí estaba Luky, el french puddle agigantado. Roía un pedazo de hamburguesa. Y los Dos volvían de su letargo. Luky es un perro de vida envidiable; sí, Luky es libre. Y cuando pensaban en ello uno miraba la cadena vacía ceñida en el tronco del limón; veía una tortura para el chucho. Luky es un cabrón, seguro las perras lo prefieren, y no se rebaja a ser el líder de una jauría. Esos son pura pantalla, a final de cuentas las crías son de perros que están al margen de la posición perruna. Luky ha de ser bien mamón, las pandillas de perros le han de temer por ser un can desquiciado, que no respeta camaraderías; Luky no ha de valer verga, seguro maltrata a la Deisy; dicen que le pone al Puñalín; a Luky se le ha visto más allá de la avenida, buscando al Bola y trayéndolo de vuelta a casa, Luky es un perro a final de cuentas; pero Luky es más libre que esclavo. Y después de beber agua en un charco Luky desapareció entre la chatarra, buscando otra vez las calles.

Al dar las dos de la tarde comenzaba el ensayo rutinario; la música venía de la casa que está tras el terreno de chatarra. Las canciones las de siempre, cuatro melodías que después de meses de ardua perfección simplemente parecían ser las mismas. O acaso así les parecía a los del limón, porque perdieron todo al ser rutina. Al principio hacían comentarios, entonces lo aceptaban como el sonido de los camiones en las avenidas o el del ladrido de los perros o el de las voces siempre negociantes de sus patrones. Pero vale más la comparación con las campanadas de un reloj; porque cuando los amplificadores se prendían ya faltaba poco para abandonar el terreno, a menudo el limón. Arpegios, percusiones, atmósferas como cánones; melodías luego en la cabeza ¿Sería lo mismo la demás mierda?

Cada noche, antes de dormir, las notas aún yacían en la cabeza de los Dos, porfías, pero ya no tediosas. Se pensaba: ¿Y el ruido de los camiones? ¿Y el de los patrones? ¿Influirán en mí como ésta melodía en mi sueño? ¿Cuánta mierda no estará ahora en mi cabeza? Cuánta mierda mi vida

A la sombra del limón les llegó la tarde. Una jornada más que se iba. A qué fin, pensaban, y uno encontró la respuesta, y esta se le arraigó profundo: cuando muera quiero ser un limón.

martes, 10 de mayo de 2011

Profeta

Desde ahí, se veía a tres personas deliberando, opinando un plano que luego deduje era el del mundo: un pergamino celeste en donde estaba trazada en azul una esfera, con su eje, sus paralelos y meridianos. Dos hombres sostenían el plano, cada uno en su respectivo extremo; entre ellos una mujer, de saco verde, pelo castaño, blanca de piel y ojos sombríos, levantaba una mano enérgica, acaso el ímpetu de su propuesta lo requería. El hombre de la izquierda enfocaba su mirada en una porción de la esfera, palpaba con su mano abierta un punto de ésta. El de la derecha estaba en sus propias cavilaciones, se dedicaba a observar, sin denotar con palabras o gestos una idea; aunque sus ojos, sombríos también, delataban una. Más allá vi la construcción de una gran muralla sinuosa, hecha de bloques gigantescos de piedra amarilla, franqueada por arcos en forma de herradura, arcos regulares, a distancias simétricas. Muy pocos bloques faltaban para terminarla, el trabajo más arduo estaba hecho: ceñir con uno de los recodos el mundo entero; el mundo que habitamos, la tierra. Y aquello era algo difícil de creer, porque el planeta era como una canica en el desierto; cualquiera que lo hubiera visto diría que alguien lo redujo a ser una porción mínima de otra tierra; idéntica a ella pero agigantada.

Pocas personas quedaban en el área de construcción; por sus atuendos, formales en general, induje que eran ingenieros. Daban estos señalamientos a operadores de gruas, operadores que no se veían, porque sólo alcanzaba a ver el mastil, la flecha de los aparatos.

Irónicamente, acaso para infundir terror en un arcaico habitante de la tierra, hacía ahí un día hermoso, con un sol cálido que proyectaba tenues las sombras, la de la muralla, la de mi planeta, la de los hombres sombríos. En el horizonte las nubes eran espesas, sobre un celeste de ensueño

viernes, 19 de noviembre de 2010

El caso del anciano y su nervio X

Le gustaba a David dárselas de investigador. A diario, luego de cumplir con sus responsabilidades académicas, salía de casa en búsqueda de casos que requirieran una solución. No era malo, a menudo solía cumplir con su cometido. Consta en la espalda de aquél anciano de la casa de asilo que gritaba auxilio siempre a eso de las 8 de la mañana, desde una mecedora en el pórtico. Los vecinos ya estaban acostumbrados, algunos otros que por ahí pasaban a diario también se acostumbraron, y a menudo algún transeúnte esporádico que no tenía idea de que aquello era un asilo lleno de chiflados, como condenaban los que lo “sabían”, preguntaba: -¿Le puedo ayudar en algo señor? Pero al parecer lo único que el anciano “chiflado” sabía decir, gritar, era eso: Auxilio. Así que por toda respuesta recibía el transeúnte más desconcierto hasta que una enfermera aclaraba: -No se apure, todo está en orden -Denotando a las mil- el viejo está chiflado. -Ah -culminaba el transeúnte para proseguir su andar. El instinto inquisitivo de David por supuesto nunca lo dejó caer en el engaño, su voluntad se cimentó en un hecho que estableció categóricamente desde el momento en que oyó aquella voz cavernosa: el viejo está sufriendo. Se ofreció como voluntario para leerle novelas a los ancianos de aquella casa y con el tiempo pudo constatar que el anciano en cuestión era en realidad un individuo feliz, aunque taciturno. Al principio una de las enfermeras, aparentemente más enterada que las otras, quiso aclarar con más certeza la situación: -El anciano es un lunático. Porque de una apacibilidad de vegetal, esto era un hecho, pasaba a ese estado exaltado en que los dedos se le retorcían de ansiedad, el rostro se le desfiguraba en una variedad de muecas elásticas, los ojos se le querían salir de las cuencas y, ya se sabe, su voz articulaba la corona que lo caracterizaba: Auxilio. -Ah, entonces no nada más es a las 8 de la mañana. -No, ya te lo dije, el viejo es un lunático. David se las daba de investigador. Era un adolescente promedio, su coeficiente no hacía de él una persona particular. Vaya, pues, que ni siquiera quería ser doctor. Le bastó ese instinto que lo debelaba casi como el dolor de espalda a todo el viejo cada que una nota de 4 vibraciones por segundo zarandeaba imperceptiblemente al nervio X de su columna octogésima para resolver el caso. La vida es en verdad maravillosa, y la casualidad una ventana para contemplar sus portentos. Que cada ser humano es semejante al prójimo es evidente; que cada uno es un mundo se ha dicho siempre; la variedad de los organismos y sus funciones, susceptibilidades y fortalezas queda claro que es infinita. El arquitecto que diseñó aquél pabellón que ahora sirve de asilo no pensó jamás en las corrientes de aire que se forman en aquella coordenada del mundo. Los ingenieros se limitaron a un esquema preestablecido para llevar a cabo no sólo el pabellón, pero todo el complejo de casas que conforma a la colonia. Las enfermeras por su parte nunca imaginaron, es cosa de “chiflados”, que una toalla pudiese causar tanto dolor, de hecho nadie hubiera podido imaginarlo. Un pasillo principal atraviesa el asilo desde la entrada hasta el patio. A sus costados se encuentran los aposentos que sirven de dormitorio a los ancianos, de cocina y pertrechos a las enfermeras y oficinas a los administradores. También hay un baño general para los invitados, y justo a un lado de la puerta a éste, un lavabo, y en aquellos días, pijada a la pared una barra donde nunca faltaba una toalla para secarse las manos. El misterio se va esclareciendo: las corrientes de aire en aquella coordenada del mundo se filtran de tal manera por el patio del asilo que al atravesar el pasillo principal necesariamente, en aquellos días, movían la toalla sobre el lavabo, la movían provocando una nota de 4 vibraciones por segundo.

Puedes continuar leyendo este cuento en Ni tan ficciones

jueves, 15 de abril de 2010

Por Perogrullo que algo es algo

Miles de ángulos hay para ver un Asunto. Dependiendo de aquellos éste puede tomar diversos carices, por Perogrullo que es cierto.

En el Asunto de la inseguridad que aqueja a nuestro México, creo que desde donde estoy apenas y alcanzo a ver un par de pares de caras de las muchas que se le podrían ver.

¿Habrá alguien capaz de ver el espectro Inseguridad íntegro? Sólo me viene a la cabeza Dios (sí, con mayúsculas)

Por Perogrullo que a este Asunto no fueron pocas manos las que dieron forma, y vaya a saber si el aleteo de una mariposa en el extremo opuesto del mundo haya contribuido, en cuyo caso no bastaría la autoridad de Perogrullo para dar crédito.

A pesar de la magnitud del Asunto, pues, desde donde me encuentro no somos pocos los que podemos ver que hay un par de factores contribuyentes al erario de la inseguridad que, eliminándolos o al menos reduciéndolos, podrían ayudar a erradicar o al menos controlar el problema.

Me refiero: al pésimo sistema educativo mexicano; al pésimo sistema de salud mexicano; a la pésima administración de la riqueza mexicana.

Perogrullo diría aquí: cada uno de estos rubros se subdividen a su vez en otro universo de factores. Sea, ¿cuáles serán sus raíces y nutrientes? Vayan los politólogos, los videntes, historiadores o el caos a saber.

Por lo pronto, creo que el Tecnológico de Monterrey ha hecho un documento de propuestas, exigencias y ofrecimientos bastante interesante, del cual destaco el punto que me parece más loable:

“11. Ofrecemos Tanto el capital humano como la capacidad instalada del Tecnológico de Monterrey, de la universidad Tec Milenio y de la Universidad Virtual para apoyar, mediante distintas modalidades educativas y de capacitación, la urgente profesionalización de nuestras fuerzas armadas y las corporaciones policiacas, así como para brindar opciones educativas a las familias de soldados y policías que les permitan proveer condiciones de vida digna y oportunidades de desarrollo para sus hijos.”

Si esto pudiese llevarse a la praxis, se dignificaría enormemente el trabajo policiaco y militar, tanto por la preparación correspondiente a los elementos, como por la educación a la que podrían acceder los familiares de los mismos: considérese que el Tec no es cualquier institución educativa.

No podemos decir que esto erradicaría el problema, pero por nimio que parezca un grano de arena es un grano de arena.

Esperemos que esto no se quede en documentos, una mera inspiración estéril.

Pongo la liga al documento de pronunciación del Tec, por si les interesa darle una hojeada..

http://viewer.zmags.com/publication/ad77e8f9#/ad77e8f9/1

sábado, 27 de marzo de 2010

Como diría Bergman












Siempre me he considerado apolítico, apartidista. Quizá se deba a que he batallado tanto conmigo mismo que me ha resultado casi imposible tener en cuenta, entre otras cosas, los detalles del quehacer burocrático e ideológico de cada bancada.

Creo que lograr consensos en aras del bien común es una tarea dificilísima, una gran proeza incluso en una relación de amistad o de pareja o comunitaria (los vecinos de mi calle han tratado de unir esfuerzos para hacer por la colonia, pero no se ponen de acuerdo a la hora de hacer la coperacha, y suelen terminar peleados).

Debido a ello, creo que la administración del poder y los recursos deberían estar en manos de sabios, personas íntegras y capacitadas para efectivamente canalizar los esfuerzos de todos en el bien común.

Sería lo ideal, aunque evidentemente en México no es así (tal vez en ninguna parte) ¿Cuál será el problema?

Hay quienes aseguran como el dicho que el pueblo tiene a los gobernantes que se merece, esto es tanto como dar por sentado que somos seres con tendencia al vicio, al oportunismo, a la avaricia, y que si uno no se pone abusado, aquel al que hallamos, como “pueblo democrático” que somos, dado el poder de decidir terminará por administrar todo para sí mismo.

Me sabe mucho a fatalismo, pero podría ser la mecánica que nos ha traído hasta estos días de ingobernabilidad a los mexicanos.

Hay quienes apuntan lo contrario: en su afán de hallar consensos y darle lo que pide al gobernado, los gobernantes podrían dar cabida a la creación de diferentes grupos de poder, los cuáles terminarían por salírsele de control. De nuevo, se da por sentado el vicio, oportunismo y avaricia en el hombre y la mujer.

También esta teoría se podría aplicar como causa del efecto ingobernabilidad que vivimos.

Tal vez todo se reduzca a la alegoría de Sísifo, condenado a subir la roca por la colina eternamente una y otra vez, y ahora, a cien años de la revolución mexicana, sea hora de volver a empezar, como castigo de los dioses por nuestra tendencia al vicio, oportunismo y avaricia.

El caso es que el vaso está lleno y ya son muchas gotas las que han provocado el derrame.

No sé cómo deberían ser las cosas, pero sí sé que el miedo es el peor lastre para el desarrollo de cualquier persona, comunidad o nación; y el miedo se ha estado regalando en los diarios, internet y en los noticieros día con día.

La información es tergiversada y a menudo inverosímil como las siguientes líneas:
..los elementos (soldados) detectaron un convoy con varios sujetos en actitud sospechosa a bordo de varias camionetas.
Tras marcarles el alto, (señala el comunicado oficial), el grupo respondió con disparos, lo que desató una persecución y un primer enfrentamiento.
(el norte 26-Mar-2010)

Lo curioso es que se habla sólo de 6 sicarios muertos, ningún soldado a pesar de que fueron sorprendidos. Llama la atención que las versiones oficiales siempre son similares, sicarios muertos, ningún soldado. Y son siempre los delincuentes los que empiezan la balacera.

El pan de cada día son nuevas víctimas inmoladas (“sicarios”), policías vinculados al crimen organizado (la regia y la estatal), funcionarios ineptos que “no tenían la menor idea” de las malas referencias de sus delegados (Larrazabal). Un gobernador cobarde que le da la espalda a sus ciudadanos con una desfachatez in-cre-i-ble (está de más este paréntesis).

Por no hablar de la violencia que asola a todo el noreste del país, o de los acuerdos capciosos que pactan funcionarios de gobierno y líderes de bancadas antagónicas. El espectáculo es de verdad repugnante, e indigna.

Si hemos sido condescendientes con nuestro gobierno creo que es hora (hace mucho fue hora) de hacer valer la democracia y exigir renuncias, de reestablecer el estado de derecho, si es que alguna vez lo tuvimos.

Tenemos lo necesario para provocar el cambio, sólo hace falta unión, y si la muerte de civiles inocentes: estudiantes, madres de familia, niños; ó el terror provocado por un grupo de delincuentes: extorsiones, levantones, robos con violencia; o el sobregasto y aumento del aparato de gobierno en tiempos de crisis: desempleo, pobreza, inestabilidad social; no son capaces de unirnos, francamente, como diría Ingmar Bergman, con todo respeto y la propiedad del mundo, we can go to hell.